Quiero tener un hijo

Alberto Vela 18 de agosto de 2017
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La ciencia, en nuestros días, ha avanzado hasta tal punto que podemos investigar lo que pasa en una micropartícula tal como un neutrón o aventurarnos en la inmensidad de una supernova. Dentro del ámbito de la microbiología, se encuentra un tema tan delicado como precioso a la vez. Se trata del hecho de agrandar el seno familiar. Hay diferentes formas de hacerlo, ya sea de forma natural como se ha hecho durante millones de años; adoptando; o mediante la moderna inseminaciónartificial. Y ese es el tema que nos concierna hoy.

Las técnicas de inseminación in vitro se han perfeccionado hasta tal punto que se pueden elegir, según los deseos de cada progenitor, los rasgos genéticos de los fetos. Tanto es así que se puede pedir casi “a la carta” el hijo que se quiere dar a luz.

La inseminación in vitro consta de tres fases:

  1. En la primera fase se dispone a estimular una ovulación múltiple administrando un conjunto de hormonas que facilitan esa función, siempre bajo supervisión controlada de los expertos en la materia.
  2. La segunda fase se caracteriza por la selección de los espermatozoides y el grado de capazitación de los mismos.
  3. La tercera y última fase es la ya denominada inseminación. En este momento se depositan los espermatozoides preseleccionados dentro de la cavidad uterina de modo que les sea sumamente fácil llegar a la concepción. Esta operación dura no más que unos minutos y no requiere de anestesia de ningún tipo.

La inseminación in vitro, es una opción a plantearse dado a los diferentes problemas que pueden surgir a la hora de querer concebir un hijo. Tales como la esterilidad o alguna dificultad a la hora de realizar el coito. Y siempre es aconsejable acudir a especialistas homologados que otorguen el máximo de confianza y fiabilidad en el proceso.

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