Dado que en torno a esta edad se produce un cambio muy importante en la vida del niño: ¡aprende a caminar!, parece interesante que nos centremos en este proceso del desarrollo: cómo superar ciertas dificultades, qué problemas podemos encontrar y cómo estimular el aprendizaje.
Aprendiendo a andar: antes o después…
Una de las cosas que no nos cansaremos de decir, aunque a todos los padres les seguirá preocupando, es que no tiene importancia si el niño aprende a caminar antes o después de los doce meses.
Pediatras y psicólogos evolutivos ponen límites y fechas a los diferentes hitos del desarrollo, pero deben entenderse como una mera orientación.
Si nuestro niño acude al pediatra para que éste realice todas las revisiones habituales en el niño sano, será él quien dé la voz de alarma ante un retraso en el desarrollo.
Factores que pueden retrasar el aprendizaje de la marcha
Lo normal es que el niño gatee durante cierto tiempo a partir de los 8-9 meses, y a lo largo de 1 ó 2 meses. A partir de los 11-12 meses comenzará a ponerse de pie con ayuda. Y poco a poco irá dando sus primeros pasos.
En primer lugar hemos de tener en cuenta que para el niño que gatea, ponerse de pie supone un reto magnífico. Y si ya domina la técnica del gateo, y se encuentra cómodo y a gusto con ella: ¿por qué complicarse aprendiendo a caminar? Debemos ser pacientes y acompañar sus pequeños progresos al ritmo que el niño imponga.
Una caída, o un golpe fuerte en los primeros intentos, puede crearle inseguridad y miedo: golpes y porrazos de diferente calidad son inevitables e incluso necesarios al principio. La mayoría no suelen tener consecuencias graves. La actitud de los padres ante la caída es muy importante, porque el niño percibirá si les preocupa o no, si se asustan o no, y de estas reacciones dependen los miedos que pueda adquirir el niño. Por lo general no hay que dar importancia a las caídas en las que al niño no le ocurre nada. Debemos atenderle, sí, pero no hacer de ello un drama.
En relación con esto último aparece el siempre difícil y polémico tema de la sobreprotección: en general debemos dejarle la máxima libertad de movimientos posible, que pruebe, que experimente, que se caiga las veces que sean necesarias…
Por lo que nuestra preocupación se centrará sobre todo en el entorno: con el objetivo de eliminar todos los obstáculos y peligros que puedan entorpecer sus progresos.
¿Ayudas?: ¡sí ,claro! Además de preparar la casa “a prueba de niños-que-se-desplazan-por-sí-solos”, nuestra tarea es fundamental en los primeros pasos.
Muchos niños cuando comienzan a ponerse de pie, se encuentran con problemas para volver al suelo, para sentarse de nuevo, les da miedo y esto les provoca ansiedad. Tenemos que estar atentos para ofrecerles nuestra ayuda, y luego ir retirándola poco a poco.
¿Qué puedo hacer para estimular el aprendizaje de la marcha?
A partir de los 6 meses puede comenzar a utilizarse, con mucha precaución, un andador. El empleo del andador no garantiza que el niño aprenda a caminar antes. Incluso, muchos especialistas lo desaconsejan, porque el niño puede adquirir vicios o malos hábitos, además de que resulta muy peligroso si por ejemplo hay escaleras en casa.
El juego debe ser el denominador común de todas las actividades que realices con el niño: plantea todas tus ayudas como algo lúdico, que el niño se divierta aprendiendo.
Durante la etapa de gateo puedes organizar una “carrera o circuito de obstáculos”: coloca cojines, juguetes y peluches para sortear por encima y por los lados.
Introduce la música en sus primeros pasos: bailar llevando el ritmo puede ser un juego muy estimulante.
También con música se pueden realizar pequeños ejercicios gimnásticos: flexiones de piernas, agacharse y levantarse, dar saltitos, dar pasos grandes o pasitos pequeños.
Coloca varios palos o listones en el suelo y ayúdale para que camine poniendo los pies entre ellos.
Es aconsejable que muchos de estos ejercicios los haga descalzo, y aprovecha para que camine sobre diferentes superficies: el parquet, baldosas más frías, una alfombra…
Saltar sobre un cojín, el sofá o sobre la cama les encanta y estimula su sentido del equilibrio (ten cuidado porque pueden hacerse daño, sujétale de las manos).
En cuanto dé sus primeros pasos le gustará pegar patadas: que no falte una pelota blandita de generosas dimensiones.
Y ahora: a caminar…
13 Febrero 2008
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