Todavía hay gente que piensa que el padre no tiene mucho que hacer: que sobra durante el embarazo, que no sirve de nada cuando son bebés y que sólo puede jugar un rato con su hijo cuando ya es más mayorcito. Se equivocan.
Los padres de hoy ya no son como los de antes. Cada día son mas los comprometidos e involucrados en el cuidado y en la crianza de sus hijos, que intentan pasar la mayor parte de su tiempo libre con ellos, ya sea compartiendo sus juegos, llevándoles al pediatra, bañándoles o dándoles de comer. Este cambio de actitud de la figura paterna (que antes era distante y autoritaria) repercute positivamente en cada miembro de la familia.
Beneficios para todos
La implicación del padre le da la oportunidad de vivir experiencias emocionales muy intensas, que ponen al descubierto sus sentimientos más tiernos. Esto, a su vez, le hace más sensible y comprensivo con los demás y le enriquece como persona.
A la madre le beneficia, porque contar con un compañero responsable y consciente de su rol la tranquiliza, le hace sentirse respaldada y comprendida y le proporciona más tiempo para cuidarse y para cuidar su relación de pareja, que desde la llegada del niño ha podido quedar relegada a un segundo plano.
Y para el niño que su padre ejerza como tal le reporta un desarrollo más armónico y equilibrado en todos los sentidos.
La relación padre-hijo empieza en el embarazo
¿Estáis esperando un niño? Entonces, no hay tiempo que perder. Ya hay muchas cosas que el padre puede hacer para fortalecer la relación con tu futuro hijo.
El futuro papá debe saber que a medida que el nuevo ser evoluciona comienza a tener sus sentidos en condiciones de recibir señales del exterior, y que a partir de un momento concreto ya puede empezar a comunicarse con él. No está en otro mundo, ni en otra dimensión, esta ahí, a pocos centímetros y siente todo lo que pasa fuera.
En el quinto mes, él ya se mueve y reacciona a los movimientos de la madre, puede oír y comienza a tener reacciones táctiles. En el sexto mes comienzan sus primeras experiencias en el ámbito del olfato y el gusto. A sus pequeños oídos llega todo lo que pasa en su exterior, al principio no con mucha claridad, pero cada día con mayor nitidez. Los investigadores plantean que el aprendizaje del lenguaje se puede ubicar desde el séptimo mes de vida del feto, siempre y cuando haya alguien que le hable. En el séptimo mes las conexiones del cerebro se establecen a toda velocidad, ya está casi listo para nacer y su comunicación con el entorno es permanente y a través de diversos sentidos.
Consejos para comenzar a ser un padrazo
- Déjate llevar por tu instinto paternal (¡claro que existe!) y no te avergüences porque ahora te llamen la atención las tiendas de ropa para bebés, leas revistas especializadas, te emociones al comprobar que tu mujer está cada día más gordita… Los que se sienten ridículos hablando de pañales, chupetes y biberones, porque “ésas son cosas de mujeres”, se pierden muchas de las vivencias más intensas de su nuevo rol y nunca llegan a entablar una relación demasiado cercana con sus hijos.
- Acaricia la tripa a tu pareja mientras le dedicas palabras cariñosas a ella y a vuestro hijo. Si te acostumbras a hacerlo todos los días a la misma hora, el pequeño te estará esperando (apoyará su cabecita justo donde tú pongas las manos), e incluso llegará a reconocer tus caricias y tu voz.
- Acompáñala al médico. Gracias a las ecografías, desde los primeros meses de embarazo podrás ver a tu hijo, observar sus movimientos y escuchar el latido de su corazón, experiencias que te harán sentirte muy cerca de él desde antes de que nazca.
- Si puedes, entra en el paritorio. Estar presente en el nacimiento de tu hijo será una de las experiencias más emocionantes de toda tu vida y, sin duda, te unirá más aún a tu pareja y al pequeño.
29 Abril 2008
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